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El nombre de Trastorno de Pánico proviene del dios griego Pan, dios de los rebaños, bosques y campos. Pan era conocido por asustar repentinamente a los seres humanos y a los animales. El carácter espontaneo de los ataques de angustia es la característica principal que identifica al Trastorno de Pánico y permite hacer el diagnóstico. En la actualidad es el quinto trastorno más habitual centros de salud o médicos familiares. Al principio se creyó que se trataba de un trastorno poco importante, pero actualmente se sabe que genera un grado de incapacidad significativa comparable a la depresión grave.

LOS SÍNTOMAS

Lo más característico de los ataques de pánico son los episodios espontáneos de ansiedad extrema. Esta ansiedad va aumentando progresivamente, alcanzando un máximo a los 10 minutos en la mayoría de los casos. Duran habitualmente varios minutos, pero en algunos pacientes pueden llegar a durar horas. Los síntomas son: palpitaciones (percepción del latido cardíaco), pulsaciones aceleradas (taquicardia), sudoración, palidez, temblores o sacudidas musculares, sensación de ahogo o falta de aire, sensación de no poder respirar, náuseas, vómitos y dolores abdominales, mareos o desmayos, sensación de irrealidad (sentir al mundo externo como algo extraño), sensación de no ser uno mismo (despersonalización), hormigueos (parestesias), escalofríos o sensación de sufrir frío intenso, miedo a morir o a estar sufriendo un ataque cardíaco y miedo a volverse loco o a perder el control de si mismo.

Las personas se preocupan por volver a presentar estas crisis; a esto se le ha denominado “ansiedad anticipatoria” o “miedo al miedo”. Pueden presentar de una a tres crisis al año, mientras que otras pueden sufrir múltiples crisis en un solo día.

LAS CAUSAS

Los investigadores buscan explicar por qué, el “sistema de alarma” normal del cuerpo (mecanismo que permite a una persona hacer frente a una amenaza), se activa sin que sea necesario o sea cuando no hay peligro. También han encontrado que, el trastorno se extiende en las familias, lo que puede sugerir que sea hereditario; sin embargo, algunas personas sin antecedentes familiares lo llegan a sufrir. Es frecuente que los ataques sean provocados por padecer una enfermedad física; sufrir una situación estresante (asalto, sismo, conflicto familiar, entre otros); o por usar medicinas o sustancias estimulantes excesivamente (café, té, anorexígenos, bebidas energizantes o drogas).

LAS COMPLICACIONES

Este tipo de trastorno es tan traumático de experimentar que, quien lo padece cambia en forma brusca y desfavorable sus hábitos de vida. Si no son tratados a tiempo, las personas pueden desarrollar depresión severa, fobias diversas, abuso de alcohol o drogas. Hasta un 50% de las personas desarrollan agorafobia; la cual es una fobia en la que los pacientes, ante el temor de sufrir una crisis de pánico, evitan lugares  donde el recibir ayuda pueda ser difícil, por ejemplo: en el trasporte público (autobuses, trenes o aviones), al conducir en coche, hallarse en lugares llenos de gente, ir de compras, hacer fila, pasar por interiores de túneles, elevadores, entre otros. Algunos pacientes limitan sus viajes a una distancia corta de su casa, o se van más lejos si están seguros que van a recibir atención. Esto trae como consecuencia la afectación de su funcionamiento social, del trabajo o actividades académicas.

ENFERMEDADES MEDICAS

Algunas enfermedades pueden tener síntomas similares: hipertiroidismo, feocromocitoma (tumor de una glándula situada encima de los riñones), ataques de epilepsia, arritmias cardiacas, enfermedades obstructivas de los pulmones, consumo de sustancias; lo que puede llevar al diagnóstico erróneo, ante esto, es importante primero realizar una evaluación médica completa.

EL PROBLEMA

Frecuentemente las personas acuden a las salas de emergencias de los hospitales cuando sufren un ataque de pánico; y es común que el personal médico trate de tranquilizarlos asegurándoles que no están en grave peligro; sin embargo, estos intentos de calmarlos pueden causar más problemas.  Si el médico usa expresiones tales como: “no es algo serio”,  “es cosa de su imaginación” o “no es algo por qué preocuparse”;  puede desalentar al paciente y generarle más ansiedad.

EL TRATAMIENTO

Puede ser necesario utilizar medicamentos del grupo de los antidepresivos y en ocasiones ansiolíticos o benzodiacepinas los cuales se prescriben por períodos breves (una a cuatro semanas). Un tipo psicoterapia con enfoque Cognitivo-conductual, ha demostrado ser la mejor: ayuda al paciente a reconocer los síntomas y su tratamiento; a registrar mediante un diario las crisis y situaciones que le provocan ansiedad; a aprender técnicas de relajación mediante el control de la respiración; a modificar los pensamientos catastróficos y a exponerlo progresivamente a situaciones que le generan miedo. El pronóstico es favorable a corto plazo con el tratamiento correcto.


Dr. Jorge Octavio Maldonado Nodal
Psiquiatra